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viernes, 21 de diciembre de 2012

Ramoncín es imputado por un presunto delito de apropiación indebida en relación con la SGAE

El cantante y exconsejero de la SGAE, Ramoncín, en un juicio anterior

José Ramón Márquez Martínez, más conocido como Ramoncín, ha sido llamado a declarar por un juzgado madrileño en concepto de imputado.

Así se desprende de un comunicado firmado por el Juzgado Central de Instrucción nº5 de la Audiencia Nacional, en el que se cita al cantante el próximo 14 de enero, a las 10.00 de la mañana, para prestar declaración sobre un presunto delito de apropiación indebida y / o administración desleal, así como de falsedad documental.

Al frente de la citación se encuentra el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, que investiga las irregularidades en torno a la Sociedad General de Autores (SGAE).

Barricada: "Sabíamos que nuestro primer disco sin 'el Drogas' sería mirado con lupa"

Los miembros de Barricada

La marcha justo hace un año de su mítico vocalista —El Drogas— tiñó de incertidumbre el futuro de la banda de rock. Sin embargo, Barricada ha continuado dando guerra: en abril lanzó nuevo disco y emprendió una gira que, este viernes, recala en Madrid y el sábado, en Valladolid. Hablamos con el guitarrista Alfredo Piedrafita cuando, precisamente, cumple 52 años. "En forma y con trabajo", presume, riendo, al otro lado del teléfono.

Termina un año peculiar para Barricada sin su vocalista de toda la vida. ¿Qué balance hace?
Al principio todo indicaba que esta etapa sería muy complicada: por un lado, a causa de la crisis, que afecta a todos los sectores; por otro, sabíamos que el nuevo disco, el primero sin El Drogas, iba a ser mirado con lupa.  Al final, la reacción del público ha sido buenísima y Ander, el nuevo bajista que nos acompaña, ha sido aceptado como lo que es: un estupendo músico y buena persona. Estamos muy satisfechos.

Las Ruedas cogen velocidad

Pedro San Juan, del grupo Los Ruedas.

8 de mayo de 2011. En la sala Rock Kitchen varios grupos recuerdan lo que significó el bar Agapo como templo roquero del Madrid de hace cinco lustros. “Bueno, vale. Ok, Nastassia Kinski / si no estás tú qué pinto yo”, entona sobre el escenario Pedro San Juan, líder de Las Ruedas. ¿Las Ruedas? Sí, la banda olvidada de aquella escena malasañera, sin la aureola de Los Enemigos ni la popularidad de Los Ronaldos, reflotada últimamente por San Juan: “Siempre nos movimos en el circuito underground y en sellos indie, es lógico que no se nos recuerde más allá”. Sus aún fibrosas canciones sonarán esta noche en vivo en Alcalá de Henares, buena excusa para reivindicarles tras el documental estrenado a principios de año, Predicar en el desierto: una historia de flores y ruedas. “Lo impulsaron unos chicos de Jaén que organizan en Martos el Vértigo Estival. Y su culminación coincidió, más o menos, con el aniversario del Agapo. Motivos confluyentes para el retorno”.

San Juan admite algún momento casi mainstream en la trayectoria de Las Ruedas, como el que vivieron en Salamanca en 1986: ganar el concurso de Radio Cadena Española con las cámaras de TVE en directo y los Héroes del Silencio mosqueados por la derrota. “Iban un poco de estrellas, pero ahora te das cuenta de que eran en realidad más profesionales que el resto. Quizá el jurado valoró nuestra espontaneidad”. Pese al premio, San Juan sufrió lo suyo: “El exceso de entusiasmo y la falta de costumbre de tocar en días seguidos me hicieron perder la voz para la final. No sé cómo lo conseguimos”. Y no fue la única sorpresa: “En el Villa de Madrid del año anterior concursamos en la categoría de música heavy porque el cupo de pop-rock estaba completo. Fuimos finalistas”. Hablamos de una formación para nada metalera, influida por “The Clash y el punk del 77, Chuck Berry, Gene Vincent, la new wave o los Stones”.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Más raros que un perro verde


A la vejez, viruelas. Ausentes como estamos en Valencia (casi por completo) del circuito de grandes giras internacionales, al menos nos queda el consuelo de poder apuntarnos algún tanto en las ligas menores del rock. El nombre de Meat Puppets, opaco para el gran público, adquirió tintes casi de leyenda desde el momento en el que participaron, hace ya veinte años, como banda de refuerzo en el famoso Unplugged de Nirvana, a instancias de un Kurt Cobain que les reverenciaba desde mucho antes. Su actuación del martes en Wah Wah fue, así pues, la primera que llevaban nunca a cabo en nuestro país, una suerte de exclusiva local de la que tan solo disfrutaron algo menos de un centenar de fieles. Al fin y al cabo, nada que exceda su hábitat natural, el de una amplia galería de antros de música en vivo y garitos de dudosa reputación, tal y como corresponde a sus orígenes hardcore.

Padres fundadores del ‘rock’n’roll’

La portada de 'King creole', de Elvis Presley.
Tal y como son hoy las cosas, cuesta imaginar que una cantante llamada Ruth Brown vendía más discos a mediados del siglo pasado que los que despacha ahora Rihanna. Como difícil es saber que, antes incluso de Elvis Presley, el incipiente rock tuvo a su mejor evangelista en un locutor de radio que respondía al nombre de Rufus Thomas. O que el hermanamiento entre blancos y negros en la sociedad estadounidense tuvo una de sus primeras cimas en elrockabilly del afroamericano Ray Sharpe. Fue el tiempo de los padres fundadores del rock’n’roll.

Una era a la que se consagran prestigiosos sellos de reediciones como Ace o Rhino y que ahora hallan su contraparte española en HooDoo Records, nacido en Barcelona y lanzado a la aventura arqueológica de desenterrar, amparados por el dominio público, a muchos de estos músicos que, desde sus distintas visiones del rhythm and blues en el Estados Unidos de los años cincuenta, dieron forma e identidad a todo el rock’n’roll posterior y sus ramificaciones estilísticas hasta nuestros días. “Hay muchos artistas que no están tan bien tratados como se merecerían por la historia”, dice Jordi Soley, responsable del sello, cuyo catálogo está formado por 68 álbumes que exploran con una admirable profundidad de rastreo el maravilloso legado de los pioneros a los que acudieron en sus comienzos The Beatles, Rolling Stones, The Clash o Nirvana, entre tantos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La semilla del ‘grunge’

La banda estadounidense The Meat Puppets.

Tres décadas después y 14 discos mediante, The Meat Puppets, siguen cargando con el apellido Nirvana, desde que la banda grunge les invitara a participar en el acústico de la MTV para versionar tres de sus canciones (y eso que los admirados eran ellos). Era mediados de los noventa y ya formaban parte del portafolio de la todopoderosa discográfica estadounidense SST, esa casa que se disputaban los representantes del rock alternativo. La banda de Phoenix, que visita por primera vez España, empezó con el hardcore-punk para ajustarse ahora el cinturón con el rock. Vuelven a la carretera con 12 temas —de título desconocido por el momento—. “No sé qué decir de este nuevo trabajo”, comienza Curt Kirkwood, voz y guitarra de la banda.
El desconcierto parece deberse a su reciente salida del estudio de grabación Yellow Dog de Austin (Texas). The Meat Puppets se autoproducen desde hace unos años y la carga la lleva sobre sus espaldas el hermano mayor de la banda. Kirkwood acarrea hasta la sala de grabación las canciones en sus mimbres para confrontarlas, sin pista previa, con su hermano Cris y su nuevo batería. “Su aportación es musical, se limitan a preguntar qué es lo próximo que tienen que hacer y después se van”. Este encuentro virginal termina de forjar el repertorio y lo dota de un sonido en directo que el mayor de los Kirkwood busca desde el palizón de gira que se dieron con su anterior trabajo Lollipop (2011).
Interpelado por segunda vez, el cantante termina por reconocer que este nuevo trabajo se llena de guitarras en el sonido e imaginación y cierta alegoría en las letras. “No tenemos un mensaje, solo somos una banda de rock”, afirma. “De hecho intento no decir nada, las palabras deben ser parte de la música, la excusa para tocar una melodía”.
The Meat Puppets reconocen vivir el nuevo siglo como terminaron los ochenta. Entre 1984 y 1989 entregaron cinco discos y no fue hasta 2007 cuando una etapa de parecida efervescencia creativa se ha repetido con otros cuatro trabajos. “Hemos vuelto a ese sentimiento de independencia”, reconoce Kirkwood. “En los noventa, aunque estábamos en un buen sello, se buscaban los hits, y siempre me ha parecido muy complicado hacer feliz a mucha gente. Ahora volvemos a los conciertos en los bares y como productores propios nadie nos dice qué tenemos que hacer, con tal de que no nos volvamos muy independientes”. Y esto parece que no va a suceder, aunque sus últimos cicerones hayan sido Animal Collective.
The Meat Puppets actuarán el 20 de diciembre en la sala El Sol.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿De qué va la creatividad? Doce creativos responden

Los participantes en el proyecto Dozen reunidos en torno a una mesa en el estudio de Uiso lemany.
¿Qué hacen en el taller de Uiso Alemany en plena huerta de Alboraia músicos como José Manuel Casañ y Aristides Abreu, de Seguridad Social, un chef de cocina como Firo Vázquez, un investigador y teórico del arte como Román de la Calle, un cineasta como Sigfrid Monleón, con diseñadores gráficos y comunicadores  como MacDiego y Boke Bazán, o un editor y mecenas como Chano Vernetta? ¿Y qué traman con ellos un  diseñador industrial del sector del mueble, como Jordi Vidal, un músico de vanguardia como Jose Salvador Chapí y la actriz Paula Miralles?
Convocados en torno a una mesa por el director de arte Txema Sánchez, son doce personalidades muy distintas, que no se conocían entre sí y que se pasaron doce horas viviendo una ficción artística, una jornada de reflexión en torno a la creatividad. El proyecto, denominadoDozen, nace de un encargo del impresor Chano Vernetta, y da lugar a un libro exquisitamente editado que, desafortunadamente, no está a la venta y recoge los doce mandamientos de la creatividad, con numerosas fotografías de lo que dieron de si esas 12 horas en la huerta."Lo que desea vender, contagiar, comunicar y reinventar es la idea que tras ese libro se cobija, abierta y disponible", dice Román de la Calle.
No obstante, todo cuanto sucedió allí fue grabado audiovisualmente y por tanto el encuentro ha generado más pensamiento y creatividad en otros soportes, de forma que cualquiera puede ver el corto, las imágenes y las entrevistas a todos los participantes en youtube (http://www.youtube.com/user/TheDozenCreativity), en facebook (https://www.facebook.com/theDozenCreativityTable). "A lo largo de la semana que viene, abriremos un blog, con las fotos y comentarios y  añadiremos más videos de canciones de Seguridad Social y fotos o momentos del evento que están inéditos", anticipa Txema Sánchez.
"La ficción de Dozen", explica el maestro de ceremonias en una autoentrevista, "es sólo un espacio creativo más que nos ayuda a cohesionarnos como parte de una película en la que, supuestamente, salvamos a la humanidad de la pertinaz sequía de ideas en los gobiernos mundiales, para devolvernos a un mundo mejor, gracias al descubrimiento de los doce mandamientos de la creatividad".
La actriz Paula Miralles
en una de las puertas de la alquería de Dozen
Las ideas fluyeron a través de las conversaciones de la alquería y dejaron caer frases como "no a la ética sin estética", de Román de la Calle; "el arte es el cáncer de la creatividad", de Mac Diego; "las reglas están para romperlas", de José Manuel Casany; "la creatividad sobre todo es trabajo", de Firo Vázquez, o "la creatividad es la capacidad de ver" de Paula Miralles. La jornada, en la que participaron otros doce colaboradores en tareas diversas, "resultó tan proífica e interesante", que esta mesa de reflexión creativa "seguramente se repetirá en el 2013, si los mayas se equivocaron, aunque no fuera del todo", aventura Sánchez.

martes, 11 de diciembre de 2012

Van Dyke Parks: “Mi música nunca consistió en saber sino en preguntarme”


Van Dyke Parks en una imagen promocional.
Al llegar al hotel donde se ha concertado la entrevista, la imagen del hombre que, en la California contracultural de los sesenta, experimentó con el pop como un científico disparatado, con la cabeza llena de arreglos alegóricos y líricas conceptuales, es más que chocante. Sentado solo en la cafetería, viste con traje y corbata mientras habla por el móvil y consulta un ordenador portátil. Lejos del genio desordenado y maniático que uno, a saber por qué capricho del mitómano que todos llevamos dentro, espera encontrar, Van Dyke Parks parece un ejecutivo a punto de cerrar una importante fusión empresarial.
“Hoy en día, si uno lo pierde o se lo roban, es casi como perder la identidad, tendrías que resetearte”, dice en tono jocoso sobre su portátil. Pero lo que más sorprende, sin duda, es saber que este talento artístico de la música norteamericana, a la altura de muchos grandestótems, se hace acompañar en su concierto en Madrid por músicos españoles con los que no ha tocado nunca “por una simple cuestión de dinero”. Allí donde otros cruzan el charco con todo el equipo, los mánagers y su lista de exigencias, este músico viaja solo para ahorrar gastos y porque apenas van a verle unas decenas de personas.

Su contagiosa amabilidad y su presencia entrañable despistan para apreciar el aura (otra vez la mitomanía) típica del maldito que le rodea: aquella que distingue al músico que, pese a tener una identidad artística admirable e influyente, no ha conocido el éxito y sobrevive en un segundo o incluso tercer plano. Podía haberse reseteado para ser un producto sonoro más accesible, pero no le dio por ahí. “El reconocimiento es importante, como haber sido una inspiración, pero nunca pensé en ser el más exitoso”, sonríe. “He conseguido experimentar y grabar lo que quería y eso es una habilidad que no todo el mundo puede decir”, afirma Parks, que no duda en defender sus tres primeros discos (Song Cycle, 1968, Discover America, 1972, y Clang of the Yanke Reaper, 1975), que hicieron que la crítica especializada le pusiera la etiqueta de genio y han sido recientemente editados por el sello británico Bella Union. “Pertenecen a un periodo muy importante para el oyente: a la era del estéreo, donde los arreglos y el trabajo en estudio eran diferentes a la época de Elvis Presley. Eran los sesenta y no se grababa la música en vivo en los estudios como antes”, explica.
Esa era del estéreo tuvo una de sus piedras filosofales en la cabeza de Brian Wilson. Antes de comenzar su carrera en solitario, Parks ayudó a Wilson como letrista y compañero lisérgico durante las legendarias sesiones de Smile, el disco perdido de los Beach Boys, elaborado entre finales de 1966 y comienzos de 1967. “Aprendí con Brian a hacer lo correcto en un estudio. Era obsesivo, aunque especialmente era muy cuidadoso”, cuenta Parks, que dejó su sello en canciones como Heroes and villains. Pero, con los chicos de la playa recelosos de las inquietudes de Brian y, sobre todo, de la presencia del nuevo intruso, el proyecto se paralizó, aunque vería la luz décadas después, y Parks tiró por su cuenta. “Mi trabajo nunca fue premeditado. No consistía en saber sino en preguntarme”, dice el músico, que en sus álbumes concibió una California onírica y espectral. “California era un concepto. Más bien era algo a lo que quieres pertenecer más que a lo que perteneces. Mi objetivo siempre fue intentar explicar la soledad que te rodea a pesar de los grandes barrios”, señala.
Pero en la California de los hippies, la psicodelia y el blues-rock, la trilogía discográfica que sacó en Warner Records nunca funcionó comercialmente, aunque dejó un imborrable sello en el pop conceptual. “Me sentía contracultural en la propia contracultura. Mi música era muy ecléctica, distinta a la corriente dominante, y difícil de clasificar. De hecho, no había términos periodísticos para definirla”, recuerda el cantante. Junto a él y Wilson, había otros visionarios, también fichados por Warner, como Ry Cooder o Randy Newman, que nunca hicieron como sus compañeros de San Francisco que se corrían las juergas juntos y se creaba una verdadera escena. La pandilla de empollones del pop apenas se veía. “Los Ángeles era un pequeño pueblo, no era Nueva York, pero nunca nos veíamos ni quedábamos. De hecho, yo creo que Ry Cooder y Brian Wilson nunca se vieron. ¡Tengo una foto de los tres juntos, pero hecha en Londres!”, cuenta Parks. “Otra cosa es que unos y otros nos comparásemos de diferentes formas. Pero tanto Ry como Randy como Brian no eran tipos de ir a fiestas. Socialmente, tenían una vida muy privada”, añade.
Esa falta de fraternidad no quita para que, entre los trabajos de todos, hicieran avanzar el pop como un sonido repleto de posibilidades. “El pop que nosotros hicimos, solo en Los Ángeles y no en San Francisco, podía ser la respuesta al sonido del Brill Building de Nueva York, como The Mamas & The Papas podían serlo de los primeros discos de Dylan. Pero es que en 1964 los Byrds fueron la respuesta a los Beatles. Los sesenta fueron unos años llenos de respuestas musicales”, dice.
Pero a Parks también hay que reconocerle su polivalencia, seguramente por una cuestión de supervivencia, llegando incluso a trabajar en series y películas. Es un hombre que se ha puesto todos los trajes posibles en la música, y con notable acierto: compositor, letrista, instrumentalista, productor o arreglista. “Me gusta colaborar. Tiendo mis brazos para que otros los cojan y les ayude. La habilidad de colaborar es formar parte de la idea de otro, si se puede”, dice. Destacadas son sus aportaciones en los arreglos en trabajos de Joanna Newsom o Rufus Wainwright. “Arreglar canciones es muy monacal. Trabajas muy solo y necesitas mucha meditación. Pero tienes una gran responsabilidad, intentas construir un significado poniendo todas las palabras en un orden. Cuando lo consigues sientes ese significado. Como cuando ves una bandada de flamencos que salen volando hacia una nube”, asegura.
Flamencos que salen volando hacia una nube. Uno de esos grandes momentos del arte. Después de tantos años, no habrá tenido éxito pero dice tener la vida llena de esos grandes momentos. Incluso el respeto de aquellos que admira desde sus primeros días. “Cuando grabé el documental The People Speak -basado en el libro La otra historia de los Estados Unidos del historiador Howard Zinn- toqué con Ry Coorder y Bob Dylan. Y Dylan se acercó a mí y me dijo: siempre respeté tu trabajo”.