jueves, 20 de diciembre de 2012

Por los ojos de una cupletista

Un momento del musical 'Por los ojos de Raquel Meller'.

La vida de Anita Delgado, bailarina del Central Kursaal madrileño, maharaní de Kapurtala (en la India británica), tiene un musical, en espera de quien lo escriba. También la de María Conesa, tiple cómica castellonense, musa de la revolución mexicana, que le cortó a Pancho Villa en público un botón de su guerrera. El musical de la vida de Raquel Meller, figura estelar de la canción de entreguerras, ofrece al espectador de la acogedora sala TribuEñe una gozosa inmersión en el túnel del tiempo. Hugo Pérez, director y autor del texto, utiliza los recursos estilísticos de aquella época para recrear, a modo de estampas, pero con viva ironía, algunos de los episodios más significativos de la vida de la Meller y un ramillete de joyas de su injustamente olvidado repertorio, entre las cuales, El ahorcado (cuplé macabro que para sí quisieran la Alaska y los Pegamoides de Quiero salir) y La violetera, plagiada por Chaplin en Luces de la ciudad.
TribuEñe, teatro de repertorio, a la manera rusa, creado hace una década por los directores Irina Kuberskaya, de la generación del teatro independiente, y Hugo Pérez (Madrid, 1974), produce poco y durable en la era del usar y tirar. La muy disputada carrera que han mantenido por el primer puesto en esta votación Por los ojos de Raquel Meller y Siglo de Oro, siglo de ahora (otro musical de factura propia y enraizado en la tradición hispana, hecho también por un equipo de dirección y de actores joven estable), nos hace pensar en que el futuro de nuestro musical no tiene porqué pasar necesariamente por los títulos de éxito en Londres y Nueva York, y menos aún por sus franquicias.

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