miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡Marcianos al poder!

"Los marcianos dominarán la tierra”, afirmaba con su habitual desparpajo Alfonso Vilallonga hace pocos días. Y como tal marciano a punto de ser coronado, el atípico cantautor barcelonés ascendió triunfal las regias escalinatas que conducen a lo que ahora es el Cinema Maldà de Barcelona (y que encierra entre sus también regias paredes centenares de historias no siempre conocidas de nuestra historia) y se paseó victorioso por su escenario aclamado por su gente. Un paseo triunfal a lo largo de casi dos horas repletas de referencias tanto musicales como sociales y de un descaro socarrón e hiriente. Sin duda, Vilallonga es un marciano rompedor caído en un panorama musical bastante adocenado pero lo curioso es que su público de marciano y de rompedor tiene bastante poco. La media de edad que llenaba el Maldà en la noche del sábado sobrepasaba en mucho el medio siglo y los signos visibles no eran preciosamente de la saga de lo indignados. La nueva propuesta de Vilallonga,Maldà State, parte de su anterior espectáculo, Corazón lengua,prácticamente con los mismos músicos y con una similar propuesta escénica en la que se mezclan algunas canciones recientes con otras ya conocidas. Dispuesto a cargar contra todo, Vilallonga se lanza a hablar de amor, de política, de independentismo y de cualquier cosa que se cruce por su sinuoso e intrigante camino y lo hace mezclando mala leche con una musicalidad expansiva, que le puede llevar de Jacques Brel a un mariachi con pasmosa naturalidad. Sus canciones están tan repletas de referencias hábilmente buscadas que hasta suenan conocidas lo que le permite dejar en libertad su enrome poderío escénico y devorarlo todo. Vilallonga no posee una gran voz pero domina el escenario como pocos: cantando, hablando, tocando el piano, el ukelele o la guitarra o mezclando poesía con cinismo en un totum revolutum que duele y provoca la risa. A su lado sus cuatro espléndidos músicos cumplen su papel a la perfección, desde la seguridad inalterable del contrabajo de Jordi Gaspar hasta las expansivas demostraciones del maestro Pep Pascual con sus juguetitos (y también con el clarinete, el saxo tenor y esta vez con la tenora). Probablemente la proclama de independencia total, personal e intransferible que Alfonso Vilallonga quiere transmitir con su Maldà Stateno sea tan provocadora como parece (ya se sabe que en estos tiempos que corren la realidad supera a la ficción) pero su nueva propuesta escénica vuelve a ser un hito para todos los que buscan emociones escénicas fuera de la norma. Si Vilallonga es un marciano el grito de guerra está claro: ¡Marcianos al poder!

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