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domingo, 8 de abril de 2012

Yeats según The Waterboys


El quinteto toca el 12 en el Principal de Alicante y el 13 en el Palacio de Congresos de Valencia.



Cuando los Waterboys aterrizaron en Valencia en 1989, donde contaban con una nutrida legión de seguidores y seguidoras, llegaban con el espectacular álbum Fisherman Blues bajo el brazo. Y con él, The stolen child, primer poema adaptado de William Butler Yeats que el grupo incorporó a su discografía. La debilidad de Mike Scott, el líder de la banda, por el mayor poeta irlandés de todos los tiempos ha permanecido intacta con el tiempo e incluso se ha acrecentado, a tenor del álbum que acaba de dedicar íntegramente al Premio Nobel de Literatura, titulado An apppointment with Mr. Yeats.

Ni qué decir tiene que The Waterboys llenó en aquella noche de julio del 1989 el Auditorio Arena con un público que en muchos casos los seguía desde el arranque discográfico en 1983. El estilo de Scott y su banda no ha cambiado demasiado desde entonces, por lo que sus seguidores de aquellos agitados (musicalmente) ochenta, lo más probablemente es que se sientan plenamente identificados con el quinteto que podrán escuchar en directo el día 12 en Alicante y el día 13 en Valencia. Salvo en el tipo de auditorios, claro está. Ahora toca sentados en cómodas butacas: en el Palacio de Congresos de Valencia y en el teatro Principal de Alicante.

Para quienes se asoman de nuevas a esta banda cuyo nombre resucitó Scott en 2000, puede atraerles la intensidad emocional de éste, cantautor preocupado por la melodía, la energía y las raíces que dan sentido a lo que dice. An appointment with Mr. Yeats es el décimo álbum de The Waterboys y en el mismo colaboran, además de miembros originales de la banda, invitados de prestigio como el violinista Steve Wickham. El programa incluye, además de las piezas de Yeats, otras del repertorio histórico del grupo.

Ciclón Poveda

"Ahí está mi padre”. La voz de Miguel Poveda se quiebra al señalar ese chopo noble y majestuoso a orillas del Guadalquivir en cuyas raíces, pegaditas al puente de Triana, descansan las cenizas de un hombre bueno. El cantaor, ciclón de ojosachinaos y cara de niño travieso que interpreta el flamenco con la pureza de un viejo, calla por un instante y se funde con su madre, doña Felicia, y su hermana Sonia en un abrazo inconmensurable como el lorenzo de primavera que cae sobre los turistas ociosos del lado de allá, en los bajos del sevillano paseo de Colón. Del lado de acá, en la orilla de Triana, la esposa y los hijos de Francisco Poveda contemplan en silencio la estampa de aquel chopo al que días atrás confiaron su eterno descanso.

La vida de Miguel Poveda ha quedado recientemente grabada a fuego en este paseo que va desde el puente de Triana hacia el palacio de San Telmo. Ambos puntos cardinales pasaron a formar parte de su educación sentimental a finales de febrero. Junto al puente dio un último adiós a su padre, Francisco, tras la infructuosa espera de un trasplante de corazón que no llegó a tiempo. Un duelo que prácticamente ha coincidido con la concesión de la medalla de Andalucía en San Telmo, sede del Gobierno regional. Y Poveda, que fue charnego en Cataluña y ahora es catalán residente en el Sur, pasea todas estas contradicciones con garbo por la trianera calle del Betis tras abrazar a su familia frente a un chopo. “Mi padre, como mi madre, forma parte de todo lo que me ha pasado. Él ha sido el ser más sensible y profundo que he conocido. Fue un mecánico tornero que tuvo que dejar de trabajar por sus problemas de corazón. Pero se emocionaba, hablaba y reía con los ojos. Mi sensibilidad la heredé de él. Y él sabe que mi felicidad la encontré aquí. Cuando me concedieron la medalla de Andalucía la agarré bien fuerte. Fue una forma de estar cerca de él. Como ahora”.

Ahora es uno de esos momentos en los que el cantaor está de verdad a gusto. Dispuesto a compartir mesa y mantel con su madre y su hermana. En un restaurante de su devoción frente a la Torre del Oro que derrocha vanguardia en un entorno de belleza clásica y desde donde puede divisarse a lo lejos el chopo de su padre. Alternando lonchas translúcidas de jamón serrano y un buen solomillo de ternera con sorbos de agua sin gas y caladas de tabaco light. Pero antes de seguir los pasos del cantaor por Triana y dejarnos llevar por la gastronomía y la conversación fuimos a conocer un nuevo motivo de dicha que se une a sus recientes sentimientos encontrados. Se llamaArteSano y es su segundo trabajo con el sello Universal tras el pelotazode sus Coplas del querer, que obtuvo sendos discos de oro y platino. Poveda ha vuelto a empaparse de esencia flamenca con 13 cantes, para los que ha contado, entre otros, con la colaboración estelar de Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar al toque y con la voz del maestro Rancapino en unas bulerías de Cádiz que se salen por los cuatrocostaos.

A media mañana, el cantaor hizo acto de presencia en su oficina a las afueras de Sevilla con los ojos parapetados tras unas Ray-Ban de pera. Vestido con chaqueta sport de Hugo Boss, jeans negros, camiseta blanca de manga corta con chalequillo marrón y zapatillas de Moschino. Lucía bronceado y un arreglo de barbas y cabello tan modernos como toda su imagen. De esta guisa tan rompedora se puso a buscar en unMac de última generación un impagable vídeo donde aparece María La Sabina cantando unos fandangos por soleá. Y la estremecedora imagen en blanco y negro de María La Sabina resucitó en pleno siglo XXI con un simple clic de este tipo de mediana estatura que ronda la cuarentena y parece sacado de un número de la estilosa revista Vogue Uomo.Poveda encontró en este vídeo de YouTube la inspiración para Te desafío, uno de los temas de su nuevo disco. Él no se considera a sí mismo un cantaor enciclopédico, como llamaba el maestro Morente a quienes saben de dónde viene y hacia dónde va un cante. Pero sí se ha esmerado en conocer el terreno que pisa. Atesora todos los mimbres para bordar con igual fortuna en este nuevo trabajo desde los tientos de arranque (Con ser tan sabio) hasta la malagueña De la Peñaranda, las alegrías de Serafino o la bellísima soleá apolá titulada Convivencias, en la que homenajea con letra propia a Mairena y a Marchena. “Soñé un día que al cante lo llamaban libertad”, proclama con esa voz portentosa que juega a su antojo al interpretar la infinidad de matices que requiere una soleá bien ejecutada y no cesa de beber en las aguas del flamenco más puro.

Su vuelta a las esencias de este arte no se debe a que se haya hartado de copla. Eso sería imposible en su caso. Para Poveda no fue lo primero el flamenco o la copla, sino los dos géneros a la vez. A pesar de los prejuicios de los más ortodoxos. “Él canta copla’, me decían. No me dolía, pero es que no se trataba de nada novedoso. La mía no es una actitud valiente. La Niña de los Peines ya era moderna interpretando coplas por bulerías. El flamenco se trajo la copla a su terreno”. Si no valiente, su actitud al menos tiene una categoría ampliamente reconocida. Tanto como para que una artista de la talla de Martirio, renovadora absoluta del género que llevó hasta a los progres a recuperar la copla con una personalísima amalgama de estilos, afirme lo siguiente: “Como Miguel canta la copla no la canta nadie”. Antes de viajar a México para compartir escenario el próximo 15 de abril con la gran Chavela Vargas en el Palacio de Bellas Artes, Martirio argumenta al teléfono la hegemonía de Poveda: “Es fruto de su sentimiento, su elegancia, su estilo reconocible, de todo lo que ha recogido de otras músicas y por cómo domina y adapta los melismas del flamenco. No tiene prejuicios a la hora de buscar en el mundo el enriquecimiento de su música. Puede permitirse hacerlo porque conoce las raíces. Domina los cantes antiguos sin dejar de permanecer atento al tiempo en el que vive. Pero más allá de todo eso, es una figura para siempre de la música española”. Poveda, risueño y tranquilo, resume su propia visión: “Con la copla llamé la atención, pero yo nunca pensé ser un cantante de copla. Siempre quise ser cantaor”.

Miguel Ángel Poveda León, más conocido como Miguel Poveda para mayor gloria del cante jondo, nació en Barcelona a las 13 horas del 13 de febrero de 1973. Hijo de murciano y manchega, charnego a mucha honra, criado en Badalona, encontró en el tocadiscos Philips de su madre el paraíso de libertad que le negaba la escuela. Al niño no le gustaba salir a jugar con los chavales de su barrio, la Bufalà, “que estaban embrutecíos”. Prefería quedarse en casa al salir del cole escuchando lo que aquel Philips escupía sin cesar. Caracol, La Niña de los Peines, La Paquera, Marifé, Bambino, Valderrama, Molina, Camarón... Eran los discos de su madre. Los de su padre iban más por Pink Floyd, Jean Michel Jarre o Boney M. Que estaban muy bien, pensaba el niño Miguel Ángel, pero no era lo que a él le gustaba. Con el tiempo consiguió un radiocasete con el que grabó compulsivamente todo lo que salía por la radio y guardaba relación con sus gustos. Y escuchaba y escuchaba, encerrado en su cuarto. Se convirtió en un muchacho solitario, de pocos amigos, aferrado al cante como paraíso artificial. “Mi refugio fue la música. Cuando cumplí 15 años, decir que te gustaba el flamenco era sinónimo de hortera. Yo no era de [la revista juvenil] Super Pop, lo que se llevaba entonces. Yo era de encerrarme en casa a ver vídeos de artistas con mi amigo Manolo y mi amiga Conchi cuando mi madre, que era empleada de hogar, salía a limpiar casas”.

La llegada de la adolescencia le llevó a las peñas flamencas de Badalona. Abandonó los estudios y durante la semana era Miguel, el niño de los tubos que trabajaba de aprendiz de tubero en la obra. Los fines de semana daba rienda suelta en las peñas a Miguel Poveda, aquello en lo que soñaba convertirse. Pero la mili se interpuso en su camino. “Llegué con 19 años y estaba acarajotao. Me faltaba calle. Cuando subí al tren de camino a Huesca pensé: ‘Me van a matar’. Me pasé los seis primeros meses llorando. Nos tocó un capitán enfermo de la guerra. Pasé de estar en casa escuchando flamenco a verme con un Cetme colgao del hombro y cantando: ‘¡Sadam Hussein, eres un hijoputa, la tienes pequeña y diminuta!’. Esos gritos, esos documentales de guerra… Y esa gente de mi edad a los que veía de repente fumando porros y metiéndose rayas… Después he visto de todo, pero en aquel momento no había visto en mi vida nada así. Y, además, me pasé toda la mili intentando que nadie me dijera mariquita, tratando de ser lo más macho posible. Me monté mi personaje para sobrevivir”.

Lo logró. Un año más tarde se presentó en el Festival de las Minas de La Unión con pendiente en la oreja y corte de pelo marcial, recién salido del cuartel y apenas baqueteado en un tablao de Barcelona. Pero formó un jaleo cuyos ecos aún resuenan en la mente de los aficionados. Fue allí donde estalló el ciclón Poveda que veinte años después no parece tener fin. Conquistó cuatro de los cinco premios del Festival de La Unión de 1993, emblemática lámpara minera incluida, y dejó al respetable patidifuso. Pero nada iba a ser fácil para un payo de Badalona. “¿Y este, qué nos va a contar a nosotros?”, se preguntaron los guardianes de las esencias. Muchos de ellos le retiraron el saludo. Incluso, algunos artistas a los que admiraba. No se dejó amedrentar.

Al poco de ganar el Festival de La Unión tuvo entre su público a Bigas Luna. El cineasta preparaba entonces la culminación de su particular Trilogía Ibérica con La teta y la luna. “Fui a verle actuar en un local muy pequeñito y me conmovió mientras cantaba un martinete”, recuerda Bigas, hoy inmerso en la preparación de Segundo origen, una película en 3D. “No soy experto en voces, pero sí en sentimientos. Y la expresión de su sentimiento me hizo derramar lágrimas aquel día. Solo me ha pasado algo así viendo un espectáculo en tres ocasiones: con una faena de Manzanares padre en la que tras entrar a matar rompió a llorar mientras el animal moría, con unos castellets que se caían y volvían a intentarlo una y otra vez, y viendo cantar a Miguel Poveda un martinete. Enseguida le propuse actuar en La teta y la luna”. También llegaron los primeros discos, que el cantaor no revisita porque reconoce haber grabado en sus comienzos algunas “cancioncitas” de las que huye.

Hoy es, como dice Bigas Luna, “alguien que ha traído una de las cosas más antiguas de este país al siglo XXI”. Su tesón ha pulverizado no solo todos los récords, sino también un buen puñado de tópicos y clichés a los que todavía se agarran como a un clavo ardiendo los ortodoxos másflamencólicos. “Yo no tengo la culpa de que señores como Pansequito o Calixto Sánchez no canten”, argumenta sobre la avanzadilla encabezada el pasado verano por Pansequito para iniciar una cruzada de “los artistas olvidados” ante la Junta de Andalucía, a la que exigieron trabajo y acusaron de “amiguista”, mientras que el también cantaor Calixto Sánchez reclamaba un hueco para los veteranos. Sánchez arremetió en una entrevista concedida al diario Abc contra figuras actuales como Poveda, Arcángel y Estrella Morente, catalogándolos como “cantaores nuevos a los que la Junta y la Diputación dan todo el trabajo”. Poveda responde hoy al respecto: “Sánchez no puede decir que yo no represento al flamenco porque hagan un festival en Londres y vaya yo en vez de él. Yo no le he quitado el pan a nadie y él me critica por ir a Mairena. Oiga, que soy cantaor flamenco. ¿Dónde quiere que cante, en la OTI?”.

Casi todos han acabado con los años rindiéndose ante el genio de un fuera de serie. A Poveda le han galardonado incluso desde la Cátedra de Flamencología de Jerez. Por no hablar de cómo le reciben cada vez que pisa el barrio de Santiago, baluarte de la inspiración más honda del flamenco. Que es un número uno nadie lo duda ya. Si Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar han querido estar a su lado en su nuevo disco será por algo. No es que esté de moda. Es el presente y el futuro inmediato del flamenco. No pertenece a ninguna dinastía del género, pero se ha convertido en gerifalte por derecho propio. Ha arrasado por igual ante públicos de Ramala (Palestina) que de Nueva York. Ha colaborado con personalidades tan dispares como el dramaturgo Calixto Bieito, la fadista Mariza, el bandoneonista argentino Rodolfo Mederos, el inimitable bailaor Israel Galván, Santiago Auserón o Martirio. Poveda es el mundo. Ha cantado a Gil de Biedma, Alberti o Valente. Ha colaborado con Serrat en su disco dedicado al poeta Miguel Hernández. Trabajó con Alberto Iglesias para la banda sonora de Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, donde sentó cátedra con la zambra A ciegas, de Quintero, León y Quiroga. En su discografía han tenido cabida incluso poetas catalanes a los que puso voz con música de Joan Albert Amargós en Desglaç (2005). Se faja con una soleá como puede hacerlo con el fado, la ranchera o el bolero. Y ya solo cabe preguntarse qué le queda por hacer. ¿Entonar un blues, por ejemplo? Poveda se planta. “No puedo caminar por terrenos donde no pise firme”.

Sigue teniendo poquitos amigos. Curro Romero e Isabel Pantoja están entre ellos. “Sí, soy muy pantojero, muy de La Jurado, muy de Marifé y muy de Lola Flores”, afirma entre risas. “No tengo prejuicios a la hora de decir que me gusta un artista, al margen de los elementos negativos que puedan rodearle. De Isabel me gusta su arte, los cuchicheos no me interesan”. Y con el Faraón de Camas acabó tejiendo amistad porque es su vecino de chalé en la urbanización a las afueras de Sevilla, ciudad en la que lleva viviendo casi diez años. “Aquí he sentido el amor de muchos amigos y de la propia Sevilla. Amores de otro tipo también he tenido, pero no muchos. Hoy no hay amor en mi vida. A ver… Soy muy enamoradizo. Y necesito del amor para cantar las cosas. Pero la gente que pasa no siempre merece la pena”.

Con la misma sinceridad ha dicho lo que piensa en más de una ocasión a través de su cuenta de Twitter. Y le enerva el trato que a veces recibe por hacerlo. “Desgraciadamente, no se respetan las ideologías. Cuando mostré mi apoyo al 15-M me dijeron varias veces que cerrara la boca: ‘Ya tienes un disco menos’. Pues yo no tengo una boca solo para cantar, faltaría más. Los recortes en sanidad y educación me dan mucho miedo. Nos vamos a convertir en cachos de carne, en bultos sospechosos, en gente embrutecía. Le doy muchas vueltas a esto. Hago una música que habla de lo cotidiano, de las cosas sencillas… Si no toco suelo, ¿qué coño canto yo?”.

¿Hasta cuándo seguirá arrasando el ciclón? Qué más da. No acaba de llegar, pero parece que lo suyo, como a Messi, no se le acabará nunca. De hecho, abruma como un Messi del cante. Infalible, jondo, arrastraocuando toca, portentoso cuando se requiere. Haciendo gala de un abrumador dominio técnico no exento de gracia y de ángel. El cantaor mira de nuevo hacia ese chopo a la vera del puente de Triana y pega otra calada al cigarrillo light. “A mí me gusta estar desinhibío, estar aquí, con mi madre y con mi hermana, con alguien que sea gracioso. No hace falta ser artista para eso. Si el que está enfrente me da todo eso y, además, se llama Pedro Almodóvar, fantástico. Y si no, también. Me dan mucha pereza las poses. Y hay una parte que envuelve a todo esto que no me gusta. No soy nada artistero. Ni farandulero. No sé cuánto más voy a durar. Hoy tengo 39... Quizá hasta los 55. No me gustaría estar toda la vida en esto. Con el tiempo quiero hacer una antología, pero necesito tener más poso. Contra más cultives todos los sentimientos del ser humano y contra más vivas, más verdaderas vas a decir las cosas en el flamenco”.

viernes, 6 de abril de 2012

Gélida perfección

Porto, 24/03/2012. Casa da Música. Ensemble intercontemporain. George Benjamin, director. Franco Donatoni: Tema. Johannes Boris Borowski: Second. Pierre Boulez: Eclat/Multiples. Arnold Schönberg: Suite opus 29. Ocupación: 50%.

Regresar a la Casa da Música de Porto, partiendo desde Galicia, supone una suerte de viaje al futuro de la música, habida cuenta el enquistado conservadurismo estético (cuando no un creciente populismo, entre regresivo y provinciano) que padecemos al norte de un Miño que, en lo musical, parece separar dos realidades a siglos de distancia...

Entre las muy acertadas líneas que articulan la programación anual de la Casa da Música portuense, está el dedicar sus temporadas a distintos países que así desvelan lo mejor de su producción musical; comprendida, por supuesto, como un todo orgánico: desde la Edad Media hasta la más viva actualidad, por medio de encargos y estrenos, al tiempo que colaborando activamente con compositores e intérpretes del país en cuestión para informar al público luso de por dónde van los tiros en la creación del tiempo que viven compositores, músicos y auditores.

2012 está dedicado en Porto, cuando se cumple el séptimo aniversario de su flamante Casa da Música, a Francia. Gracias a la estructuración tripartita de las formaciones residentes en el soberbio auditorio de Rem Koolhaas (Orquestra Barroca, Orquestra Sinfónica do Porto y Remix Ensemble -a los que se une el Coro Casa da Música-), este año se podrán escuchar en la capital musical del noroeste de la Península Ibérica obras que van de la medieval Messe de Notre-Dame, de Machaut, a estrenos de Bruno Mantovani (Châtillon, 1974), pasando por numerosísimas partituras de Lully, Rameau, Couperin, Berlioz, Fauré, Gounod, Offenbach, Saint-Saëns, Debussy, Ravel, Poulenc, Schaeffer, Messiaen, Dutilleux, etc.; toda una programación, un recorrido por los estilos que han afianzado la música francesa, que conforma una atalaya privilegiada, y en la que tan sólo se echan en falta algunas de las voces más independientes de la actualidad, a los Mark Andre, Franck Bedrossian, o Raphaël Cendo, por poner tres ejemplos sustantivos; constatándose cierta vinculación de la programación portuense al entorno más canónico del IRCAM en cuanto a la música contemporánea.

El desarrollo de este ambicioso cartel de conciertos tiene como artistas en asociación a Pierre Boulez y Christophe Rousset; y a Pascal Dusapin como compositor en residencia. A ello se suma la visita de relevantes músicos y agrupaciones francesas, como Pierre-Laurent Aimard, las hermanas Labèque, o el ya histórico Ensemble intercontemporain, que llegaba esta noche a la Casa da Música lastrado por una baja que alteraba sustancialmente la expectación que se había creado en Porto con este evento: la presencia de Pierre Boulez, cuyas afecciones oftalmológicas le han impedido dirigir este concierto (aunque esperamos le sea posible visitar Porto en su cita del 4 de noviembre, con la impactante Répons (1981-84) con todo su complejo entramado acústico y electrónico a cargo del IRCAM). En lugar del compositor-director de Montbrison, tomó el mando de la nave parisina el también compositor-director George Benjamin (Londres, 1960), uno de los más activos colaboradores de los mejores ensembles europeos de música actual.

La dirección de Benjamin presenta no pocas influencias del estilo conciso y austero de Pierre Boulez, cuya impronta gravita sobre tantos directores de música contemporánea. Si a su parquedad y búsqueda de la disección más esencializada de las partituras le sumamos el estilo sonoro y el carácter del Ensemble intercontemporain -que va en esa misma línea-, obtendremos un conjunto de interpretaciones marcadas por la perfección técnica y una cuidadísima exposición tímbrica; aunque un tanto frías, algo que casa con algunas de las composiciones programadas, que de este modo suenan si cabe más gélidas, más asépticas. Ése fue el caso de Tema (1981), del italiano Franco Donatoni (Verona, 1927 - Milán, 2000), obra encargada en su día por el Ensemble intercontemporain, y que bien podría conformar un trasunto musical de nuestro tiempo social y cultural, con sus evoluciones de perfiles difusos y un movimiento periférico de las estructuras sonoras que parecen rehuir los centros fundacionales, el asentamiento de una columna estructural. A lo largo de sus 16 minutos, prolifera una incansable polifonía, especialmente refinada en lo que a desarrollo de motivos a través de cuerdas, maderas y metales se refiere, con unas trompas impactantes, especialmente en sus compases en pianissimo, perfecto ejemplo del dominio absoluto sobre sus instrumentos de los músicos franceses. El énfasis que Donatoni pone en los elementos estructurales en Tema, así como el freno a su eclosión en alguna suerte de clímax que lleve la partitura a fases de mayor arrojo emocional, mantiene la tónica de la obra en una propuesta muy cerebral, algo seca y especulativa. Excelente música para analizar más que para ‘vivir con el estómago’... Algo de esto habría en las dos partituras siguientes.

El joven compositor alemán Johannes Boris Borowski (Hof, 1979) tiene una estrecha relación con el Ensemble intercontemporain, con el que nuevamente se ha citado para el estreno de Second (2008), hace apenas unos días, el 19 de marzo en Friburgo, en el marco de una gira que está dando a conocer en Europa esta obra. Esta breve partitura, de apenas 6 minutos de duración, compuesta para piano, arpa, violín, viola, flauta y tres percusionistas, está cercana en procedimientos de generación sonora al propio Donatoni; en primer lugar, por el hecho de que desarrolla el material de una obra para marimba previa; en segundo lugar, por ese constante enriquecimiento de los temas que van proliferando en el progreso de la misma. Los tres elementos generatrices los conforman una melodía descendente, una frase caracterizada por su personal uso de los intervalos, y una escala ascendente. Un sesudo trabajo estructural de estos materiales, a través de constelaciones sonoras -muy en la estela de cierto Boulez, a quien la partitura está dedicada ‘con gratitud y admiración’-, va exponiendo diversas formas de comprender las relaciones entre las células matrices, en función de las síntesis a las que dan lugar según sus aproximaciones y/o superposiciones. Borowski habla de cierta mirada exterior sobre sus materiales y su desarrollo; una mirada que acaba sufriendo un distanciamiento y una ubicación estilística afectadamente epigonal con respecto al propio Boulez y a cuanto el entorno del IRCAM representa. Borowski es un compositor con dominio técnico, esto es innegable, pero sus planteamientos y estilo compositivo nos conducen a un lugar en exceso común, harto (re)conocido. De ahí que uno eche en falta a los antes citados compositores de la ‘Música saturada’, pues quizás se trate de la corriente contemporánea en el entorno francés que con mayor personalidad y sustancia propia ha emergido en lo que llevamos de siglo XXI, aunando la potencia de nuestro tiempo como ágora de reverberaciones al caldo de cultivo de profundo inconformismo que se cuece en lo social a día de hoy. Por lo escuchado esta noche, Borowski, en una línea mucho más canónica, está un tanto alejado de todo ello, y sus habituales estancias en París se han incardinado en la corriente más ‘oficial’ de la contemporaneidad gala.

La primera parte del concierto se cerró con el gran ausente de esta velada, con un Pierre Boulez (Montbrison, 1925) cuya música sí estaría con nosotros a través de sus intérpretes de referencia, que han dado sobrada cuenta de Eclat/Multiples (1964-70). Es ésta una partitura de carácter netamente estructural, basada en un juego de reflejos musicales que el propio Boulez reconoce debe mucho a la técnica pictórica de Paul Klee, influencia transversal a lo largo de su carrera. Eclat/Multiples es una obra de contrastes, entre un grupo de instrumentos con un rol más próximo al solista, y una serie de acompañantes que actúa como reflejo proliferante en creciente protagonismo estructural y tímbrico, al ejercer estos últimos (con gran preponderancia de las cuerdas) de elemento catalizador de los materiales y células sonoras expuestas en la primera parte de la obra, que en esta lectura portuense ha sido pausada, hasta alcanzar los 31 minutos de duración. La distancia de observación y audición, de ambas como proceso simbiótico, que reclamaba Johannes Borowski para la comprensión de su partitura, es aquí elemento axial en Eclat/Multiples. Quizás no sea la Sala Suggia el lugar de mejor acústica para estas partituras, que suenan si cabe un poco más frías y desangeladas, ahondando en ese carácter de ‘insensibilidad’ que en más de una vez se le ha adjudicado (en ocasiones a modo de auténtico sambenito musical). George Benjamin ha expandido el ensemble de forma que el espacio cobre el enorme protagonismo que requiere en esta obra, buscando sus resonancias y la modulación que las transiciones entre familias instrumentales depara en las metamorfosis tímbricas de los motivos generadores (herencia, cómo no, de una klangfarbenmelodie schönberguiana aquí llevada a nuevas cotas de desarrollo).

A pesar de que algunos de los músicos del Ensemble intercontemporain han dado muestras de personalidad propia en Eclat/Multiples, escapando de la ‘rutina’ del conjunto, como el pianista Hidéki Nagano, el carácter general de la interpretación ha sido un tanto convencional. Claro está que decir esto refiriéndonos al ensemble parisino supone hablar de una inmaculada perfección en su ejecución a nivel técnico, si bien afectada de un notable distanciamiento, de cierta frialdad que, siendo consustancial a la naturaleza anímica y estética de esta música, esta noche ha sonado algo carente de relieves, posiblemente poco matizada desde la dirección. Más música ha extraído Benjamin de la primera sección de la obra, de una Eclat en la que el mencionado piano de Nagano, el arpa de la extraordinaria Frédérique Cambreling, y las percusiones han sonado más logradas, convincentes y firmes, a pesar del estatismo y homogeneidad que caracteriza su sección inicial. Multiples ha estado marcada por la parquedad y la frialdad, especialmente en las cuerdas, con una notable nómina de refuerzos que creo han bajado el nivel medio al que nos tienen acostumbrados los solistas el Ensemble intercontemporain. Algo más de audacia en la exposición de cada voz, en los relieves de este juego de reflexiones, no hubiese venido mal, aunque al diluirse el elemento atomizador de la música se ha ganado en perspectiva de conjunto, en cuerpo estructural, bien conducido por Benjamin, que se ha revelado esta noche como el buen arquitecto musical que es sobre el podio.

También marcada por una paralización de lo emocional ha estado la interpretación de la partitura que protagonizó la segunda parte del concierto, la Suite opus 29 (1925-26) de Arnold Schönberg (Viena, 1874 - Los Angeles, 1951). En ella, George Benjamin destaca su clasicismo y el refinado juego de reinterpretación de las formas que Schönberg, sabio conocedor de la historia y heredero muy capaz de reconstruirla, lleva a cabo, abordando modelos concertantes previos a la luz del dodecafonismo. Así es como el director inglés trató las voces, con una polarización bastante señalada de trío de cuerdas y trío de clarinetes, con un Dimitri Vassilakis al piano que apuntaló armónicamente con solvencia los puentes tonales entre ambas secciones, pero que careció de relieves para dotar de mayor profundidad al conjunto, en el que destacaron Pierre Strauch con su muy futurista violonchelo y Alain Damiens y Alain Billard en los clarinetes. El factor de la espacialización tampoco ayudó, y la agrupación tan próxima de los tríos de clarinetes y cuerdas restó amplitud y sonido al ensemble, un tanto saturado. Tampoco podría decir que haya brillado el elemento rítmico de la obra, mucho más logrado en la versión que del propio Ensemble intercontemporain conocemos en disco compacto, dirigida por Pierre Boulez (Sony SMK 48465). Siempre me ha parecido este parámetro crucial a la hora de optimizar las posibilidades de la obra y dar vigor a los virtuosísticos ejercicios danza y contrapunto que en ella Schönberg despliega. A pesar de lo hasta aquí escrito, lo más puramente técnico resultó impecable, firme y extremadamente riguroso; y si bien en lo expresivo se podría haber obtenido más de una partitura tan repleta de posibles, cierto es que en algunos pasajes, como los cambios de tempo y ambiente de la ‘Ouverture’, o las suspensiones meditativas y misteriosas de la ‘Gigue’, pudimos disfrutar de asomos de verdadera excelencia musical, como no cabía esperar menos por parte de uno de los ensembles europeos que más y mejor ha interpretado a Schönberg desde su fundación, allá por 1976.

Toda una oportunidad, así pues, para escuchar en vivo a una de las agrupaciones musicales más importantes de nuestro tiempo, aunque en el tono general de su interpretación esta noche haya primado cierta contención un tanto rutinaria, más técnica y estructuralista que expresiva, más fría que emocional; quizás, al fin y al cabo, las señas de identidad que caracterizan y ponen en valor el carácter del ensemble parisino.

En abril, los días 27 y 28, el Remix Ensemble abordará, conducido por su titular, Peter Rundel, en el marco del anual ‘Música & Revolução’, nuevas partituras de Boulez, suDomaines (1968-69) y la histórica Le Marteau san maître (1953-55), que serán acompañadas por revolucionarias obras orquestales del propio Boulez, Debussy, Ravel y Wagner en manos de la Orquestra Nacional do Porto dirigida por Emilio Pomàrico. Seguramente, el ensemble portuense no alcanza la perfección técnica de sus colegas galos, pero sin duda darán ese plus de entrega y emoción que caracteriza sus conciertos. Allí esperamos estar, para conocer nuevos capítulos de esta aventura francesa en la Casa da Música; un auditorio que, por lo que me consta, se está viendo afectado por la ola de recortes y progresiva aniquilación de la cultura sostenida por el Estado que asola parte de Europa (especialmente la intervenida oficial o extraoficialmente). En esta difícil coyuntura, los responsables de la institución portuense se han centrado en las músicas que más apoyo requieren y menos publicidad disfrutan por parte del mercado (y de los medios de (in)comunicación de masas); dejando parte de sus citas con el pop, el rock, o el jazz en manos de convenios con promotoras privadas que suelen de por sí encargarse de este tipo de músicas (más rentables comercialmente). No es mala opción, ni mala lección para parte de nuestros gerentes musicales, que a través del populismo creen van a salvar el sentido y la utilidad social de nuestros auditorios, priorizando el aplauso fácil sobre la apuesta artística culta, de progreso y comprometida.

lunes, 2 de abril de 2012

Los trabajadores del Liceo organizan su propio concierto

Cantantes como Roberto Alagna, Joan Pons y Ainhoa Arteta actuarán gratis en el coliseo el próximo 22 de abril

Los trabajadores del Gran Teatre del Liceu de Barcelona quieren demostrar que el teatro sigue vivo pese a las amenazas de ERE y huelga, y una programación cancelada de la cual la dirección sólo consiguió recuperar al 100% un título, Pélleas et Mélisande. El concierto especial, al margen de la dirección, que tendrá a los cantantes Roberto Alagna, Joan Pons y Ainhoa Arteta, y a los directores Bertrand de Billy, Sebastian Weigle, Michael Boder y Josep Pons así como otras estrellas por desvelar como principales reclamos, tendrá un único precio de 15 euros, y además se colocará una pantalla gigante para que pueda seguirse desde las Ramblas. Otros cantantes, como Plácido Domingo, no podrán asistir por problemas de agenda, pero enviarán vídeos de apoyo. El concierto evidencia la distancia cada vez más grande entre el comité de empresa y los gestores del teatro, ya que de hecho, antes de este proyecto la dirección había previsto para el día 22 por la tarde otro concierto que han tenido obligatoriamente que retirar de programa.

El violinista de la orquesta Charles Courant ha explicado que el objetivo es agradecer el apoyo del público, los abonados y los mecenas en los últimos meses. Courant ha remarcado que la retirada del ERE no ha llevado la paz al Liceu, porque el teatro es una gran máquina “que se atasca si la incompetencia y la mezquindad se apoderan de su engranaje”. Este concierto se está preparando fuera del horario laboral, y los que en él participarán no cobrarán por todas las horas extra que ello implica, además los cantantes actuarán gratis, recibiendo sólo transporte y alojamiento.

domingo, 25 de marzo de 2012

Interpretan obra inédita de Mozart

Más de dos siglos después de su muerte el legado de Wolfgang Amadeus Mozart sigue creciendo. El último añadido es un Allegro molto para piano compuesto por el genio a los once años e interpretado ayer en Salzburgo, la ciudad que lo vio nacer y de la que se marchó para crecer como artista.

La composición de 84 compases y apenas unos tres minutos fue descubierta a principios de marzo en un golpe de suerte por la musicóloga Hildegard Herrmann-Schneider en un desván en el Tirol, incluida en un libro de partituras, cuando investigaba para documentar fuentes musicales antiguas de la región.

“Tenemos muchas obras de sus años infantiles y también sonatas más elaboradas de su adolescencia. Por eso, esta partitura es particularmente importante, porque supone un punto de unión entre sus primeros años y la adolescencia”, explicó  el director del Mozarteum, Ulrich Leisinger.

El primer concierto para piano (IK175) del niño prodigio data de 1773, por lo que la pieza encontrada demuestra “un alto nivel técnico para alguien tan joven”, según Leisinger, lo que no es una sorpresa si se conoce la trayectoria del genio.

Los expertos sitúan la fecha de composición de esta pieza en 1767, y la transcribió un joven estudiante de música identificado como Johannes Reiserer alrededor de 1780 en un libro de partituras con el que ensayaba.

sábado, 26 de marzo de 2011

Curiosidades sobre W.A. Mozart

[caption id="" align="alignright" width="209" caption="Wolfgang Amadeus Mozart"][/caption]

Hoy os traemos algunas curiosidades sobre Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart y considerado, no solamente uno de los más grandes compositores de la historia, sino como el poseedor de uno de los cerebros más privilegiados de todos los tiempos.

1.- A la edad de tres años distinguía con facilidad las sucesiones armónicas del clavicordio y tocaba, de oído, gran cantidad de melodías al piano.

2.- Comezó su carrera musical cuando tenía 5 años con un concierto de piano dificil de interpretar incluso para pianistas profesionales.

3.- A los 8 años, el pequeño Mozart ya era un prestigioso concertista. A esa edad compondría su primera sinfonía.

4.- Mozart odiaba el sonido de la faluta y solamente compuso conciertos para flauta por encargo. Según el genio de Salzburgo “Lo único peor que una una flauta son dos flautas”.

5.- Se sabe que Mozart padeció el síndrome de Tourette, un trastorno nervioso que causa inquietud y comportamientos compulsivos y obsesivos que se manifiestan por la incapacidad para comportarse adecuadamente en sociedad. Debido a su transtorno Mozart utilizaba, de forma compulsiva, espresiones vulgares e insultos, como demuestran algunas de las cartas y cánones que se conservan.

6.- Como buen masón, para Mozart el número 3 tenía un significado especial e incluyó este número en muchas de sus obras. En La Flauta Mágica, por ejemplo, aparecen 3 acordes mayores en la obertura, tres hadas, tres niños que guían al protagonista, tres instrumentos mágicos, tres pruebas y tres templos.

7.- Escribió 621 obras que pasó al papel escrupulosamente, casi sin tachones ni enmiendas. Se calcula que copiar su obra completa dedicando 10 horas al día llevaría 25 años. Algo increible si tenemos en cuenta que Mozart sólo vivió 35 años.

8.- El dato anterior se explica porque antes de pasar la obra al papel la tenía completamente desarrollada en su cabeza lo que le facilitaba la tarea de llevarla al papel y disminuía la cantidad de errores.

9.- Las penirias económicas sufridas en la última parte de su vida hicieron que fuese enterrado en una fosa común junto con decenas de cadáveres y sin ninguna anotación al respecto. Es por ello que no haya garantías de que los restos del compositor estén localizados. Se conserva un cráneo que se se le atribuye desde 1902 pero no hay aún pruebas definitivas de que sea el suyo.

10.- Los motivos de su muerte son a día de hoy un misterio, existen unas 150 hipótesis sobre su muerte siendo una de las más difundidas la del hipótesis de su envenenamiento, debido a la envidia, por parte del compositor Antonio Salieri.

Por último comentar que estudios psicológicos de estimulación prenatal y temprana atribuyen a la armoniosa música de Mozart, así como a la de otros genios como Vivaldi, beneficios para el feto a partir del tercer mes. Así que ya sabéis, si vais a ser mamás un poco de música de este genio ayudará a vuestro hijo a desarrollar el aprendizaje prenatal

Curiosidades sobre W.A. Mozart

[caption id="" align="alignright" width="209" caption="Wolfgang Amadeus Mozart"][/caption]

Hoy os traemos algunas curiosidades sobre Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, más conocido como Wolfgang Amadeus Mozart y considerado, no solamente uno de los más grandes compositores de la historia, sino como el poseedor de uno de los cerebros más privilegiados de todos los tiempos.

1.- A la edad de tres años distinguía con facilidad las sucesiones armónicas del clavicordio y tocaba, de oído, gran cantidad de melodías al piano.